CLEPSIDRA DE LA INJUSTICIA
- Edward Pérez

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Por: Edward Pérez
Bajo el sol de oriente nació su estirpe, con ojos de lince y manos de seda, un hombre envuelto en linos y en perfumes, que atrapaba el tiempo en relojes costosos.
No buscaba el oro por su vil tesoro, sino el tic-tac rítmico de un motor ajeno; un impulso oscuro, un fuego sonoro, que lo hacía esclavo de un deseo pleno.
EL BRILLO DEL ENGAÑO
En su muñeca, un Patek robado, en su bolsillo, un Rolex de luz; un coleccionista del tiempo hurtado al sistema de salud, cargando en sus dedos su propia cruz. Era un jeque de sombras, un hábil artista, que, en banquetes de gala y alfombras de seda, perdía el sentido, perdía la vista, si un reloj de platino ante él se conceda.
LA AMISTAD PROHIBIDA
Se sentó a la mesa del gran mandatario, entre brindis de copas y acuerdos de paz; el Presidente, su amigo, no vio en su sonrisa la sombra detrás. Pero el vicio es traidor y el deseo no duerme, y en un abrazo de falsa hermandad, el Habibi quiso el tiempo aprehenderle, robando la joya de su autoridad.
LA CLEPSIDRA DE LA INJUSTICIA
Aquel cronómetro de oro, en diamantes encendido, fue el hilo de un destino que él mismo se tejió; el lazo de la confianza se deshizo en el olvido, y el peso de la ley, su espalda al fin dobló.
Ya no hay horizontes de arena, ni brisa, ni palmera, solo el beso gélido de un cerrojo en soledad; la libertad se apaga tras la gris cordillera de una celda que es muro de su propia crueldad.
EL TIEMPO DE LOS AUSENTES
En su muñeca ostentaba, con cínico derroche, relojes que marcaban un pulso de agonía; el tic-tac de los que se hundieron en la noche por falta de una cura que el dinero no traía.
Robó al enfermo el aire, al sistema, su sustento, y mientras el pueblo en las salas fallecía, él contaba los minutos en su lujoso reloj, bebiéndose el tiempo que a otros pertenecía.
EL JUICIO DE LA MEMORIA
Hoy lo juzga un pueblo que ha aprendido a contar, no por la moral rota, sino por el vil monto; pues el delito es sombra que se llega a normalizar, si el ladrón es astuto y el castigo no es pronto.
Pero la condena social es hoy su muralla, más firme que el hierro, más fría que el metal; el hombre que robó vidas perdió su batalla, quedándose solo con su oro mortal.
"Cada diamante en su pulso era una vida truncada; hoy el reloj marca el silencio de su propia caída."
Feliz año nuevo mis queridos lectores

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